domingo, 4 de junio de 2017


El aprendizaje adulto...


  • En primer lugar la persona adulta tiene que reconocer y aceptar que necesita realizar una inversión de tiempo en aprender, lo que significa un reconocimiento contundente de que ese aprendizaje representa una necesidad para ella, en un momento preciso, por lo que estará dispuesto a pagar un precio de esfuerzo y adaptación.
  • La persona adulta afronta el aprendizaje normalmente con una fuerte dosis de motivación. El adulto antes de enfrentarse a un proceso de enseñanza-aprendizaje, ha decidido en términos generales, que quiere hacerlo, que necesita hacerlo, y ello le llevará a asumir un compromiso consigo mismo, y también con otros.
  • El adulto cuenta siempre con un bagaje experiencial, que supone una fuente de aprendizaje en sí mismo. Sabemos que los aprendizajes se convierten en significativos, cuando se establecen nexos o conexiones con otros aprendizajes previos, tejiéndose así una cada vez más sólida relación, que no hace sino consolidar y aumentar nuestra capacidad de aprender. En ocasiones también este bagaje experiencial puede suponer una cierta dificultad, porque el adulto se muestra reacio a aceptar, y por lo tanto a integrar, ciertos aprendizajes que puedan cuestionar planteamientos que considera propios, seguros, y de algún modo inamovibles.
  • El adulto aporta en términos generales una gran dosis de responsabilidad en los procesos en los que se ve envuelto, esta es sin duda una característica muy positiva, que permite establecer compromisos que aseguren la permanencia en los procesos y en su consecución.
  • El adulto, suele manifestar un ritmo propio ante los procesos que inicia, cada persona necesita dar los pasos a su modo, ir desarrollando las sucesivas fases, según sus particulares características personales, y los docentes deben contar con ello. Esto no quiere decir que no funcione bien dentro de los grupos, y que cada grupo imprima un carácter determinado al proceso.

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